Mujeres y el origen común de la nación en México

Natividad Gutiérrez Chong1



Resumen

Este artículo explora la poderosa influencia de la sexualidad y los roles de género en la identidad nacional y el nacionalismo. Por lo anterior el objetivo del artículo es revisar cómo es concebido el origen común de la nación mexicana, y cómo contribuyen a él las mujeres en la historia. El artículo incluye tres partes. La primera identifica los principales tipos de nacionalismo en México y su interrelación con los roles de género y los nacionalismos que plantearan Nira Yuval-Davis y Floya Anthias en 1989. La segunda desarrolla de qué forma, tanto los tipos de nacionalismos como los roles de género, coadyuvan a la construcción de la masculinidad y la feminidad. La tercera explora los roles de género y sus distintos niveles de subordinación en la mitología nacionalista contemporánea, particularmente, el mito del mestizaje en tanto pareja fundadora de la nación moderna. Para ejemplificar el argumento se utilizaron algunas fuentes no convencionales, tales como los calendarios populares de las primeras décadas del siglo veinte, y una narrativa sobre el mito del mestizaje escrito por una escritora española radicada en México en 1884.

crs. 2019 Mar ; 13(26)
doi: 10.28965/2019-26-03

Keywords: Palabras clave: nación, origen étnico, mujeres, sexualidad, roles de género, identidad nacional.
Keywords: Keywords: nation, ethnic origin, women, sexuality, gender roles, national identity.

El nacionalismo es un constructo político de la era moderna. Su compleja multidimensionalidad ha determinado los procesos y desarrollos sobre los que se han construido las naciones y sus Estados. No es por ello aislado que el nacionalismo como doctrina o movimiento de autodeterminación ofrezca innovadoras líneas de investigación al vincularlo con la sexualidad y el género. Las categorías de sexualidad y género contribuyen a dar forma a las actitudes colectivas con respecto a la moralidad, respetabilidad, normalidad sexual o anormalidad que delimitan las pautas de reproducción de las sociedades modernas (Moss, 1985). Al tiempo que influye poderosamente en la definición de normas, códigos y valores, adquiere magnitud la siguiente afirmación: “Todos los nacionalismos y los proyectos nacionales tienen género” (McClintock, 1995 y Walby, 2000). A pesar de la popularidad del nacionalismo, aunque este solo sea desde el feminismo una “arena, memoria o esperanza masculina” (McClintock 1993: 62 parafraseando a Enloe (1989: 44) o una “doctrina inventada en Europa a principios del siglo XIX” (Kedourie, 1960 en Leoussi 2001: 166), el término abarca varios momentos y, por tanto, anticipa una multiplicidad de significados.

He realizado investigaciones anteriores que exploran los vínculos de los nacionalismos con los géneros y las sexualidades (Gutiérrez Chong, 2004, 2006, 2008) y he encontrado ejemplos significativos que ilustran la interrelación simbólica entre mujeres y nación. En este articulo desarrollo algunas de esas exploraciones teórico-conceptuales que he logrado combinar con otras tipologías y ejemplos. Señalo lo anterior porque como bien se sabe, no hay una sola definición de nacionalismo capaz de aplicarse a la gama de eventos, ideologías, movimientos o expresiones colectivas de defensa y orgullo en torno al sujeto nacional. Lo anterior adquiere más dificultad al ubicar el debate sociológico de los nacionalismos en las geografías y culturas de América Latina. Frente a este requisito de orden metodológico es preciso ajustar el conjunto de argumentos sobre la emergencia y visibilidad del nacionalismo en tres tipos distinguibles entre sí. La identificación y distinción de las variedades de nacionalismo típicas de México hará comprensible la introducción de los roles de género en la formación nacionalista.

En este encuadre cobra sentido el propósito del artículo aquí presentado: explorar la poderosa influencia de la sexualidad y los roles de género en el control de la identidad nacional y el nacionalismo. De ahí que el artículo tenga por objetivo revisar cómo es el origen común de la nación mexicana, y cómo contribuyen a él las mujeres en la historia.

El artículo incluye tres partes. La primera identifica los principales tipos de nacionalismo en México (Gutiérrez Chong, 2004), y su interrelación con los roles de género y los nacionalismos que plantearan Nira Yuval-Davis y Floya Anthias en 1989. La segunda desarrolla de qué forma tanto los tipos de nacionalismos como los roles de género coadyuvan a la construcción de la masculinidad y la feminidad. La tercera explora los roles de género y sus distintos niveles de subordinación en la mitología nacionalista contemporánea, particularmente, el mito del mestizaje en tanto pareja fundadora de la nación moderna.

El lector advertirá que la periodización no se limita a un solo momento histórico. En el artículo se encontrarán referencias a la Colonia y a la Conquista españolas, así como a la etapa nacionalista. Se utilizan fuentes del siglo veinte, como son los calendarios y su socialización masiva, así como un artículo sobre el mestizaje escrito por una mujer española en 1884. Esto es así, porque las fuentes que informan sobre las mujeres en los procesos nacionalistas anteriores al siglo diecinueve son escasas, toda vez que el reconocimiento incluyente de las mujeres en la construcción de la nación, o bien, como productoras intelectuales de la mexicanidad, son hechos del siglo veinte. No obstante, si bien la producción de símbolos nacionalistas asociados a mujeres se origina en la Conquista y Colonia, su utilización pública trasciende hasta nuestros días. Aunque el artículo se centra en México, hay alusión a otros ejemplos en otras naciones del globo, a fin de reforzar o ilustrar mejor algunas explicaciones que así lo demanden.

1. Tipos de nacionalismo y roles de mujeres

Iniciamos esta discusión con las definiciones de dos conceptos centrales: nación y género.

Explicamos a la nación como una

... comunidad de ciudadanos/as con capacidad de autogobierno y autodeterminación, con diversos pasados, tradiciones e historicidad lo cual contribuye a hacer reclamos efectivos sobre la legitimidad de su peculiaridad cultural distintiva (Gutiérrez Chong, 1998: 82).

Dicha peculiaridad distintiva incluye la lengua, la cultura, la historia, el territorio, la memoria, la simbología, la cosmovisión, entre los atributos principales. Otra característica sobresaliente de la nación es su capacidad de construir cohesión social, o también el vínculo social que mantiene la unidad territorial, lo cual hace posible los valores universales emanados de la Revolución francesa, la libertad, la igualdad y la fraternidad (Renan, 1988).

La posesión de Estado, conjunto de instituciones, medios de control y de coerción (Schnapper, 2001: 36) ocupa un lugar fundamental en la definición de la nación moderna, ya que la capacidad del Estado para crear instituciones, marcos jurídicos y políticas públicas hace posible la autosuficiencia de su propia economía y la expansión de un arreglo unitario y homogéneo como condición para poner en práctica la unidad y lograr objetivos comunes. Las instituciones han ayudado a homogeneizar un conjunto de factores tales como la división del trabajo, la unificación de las lealtades y de los estilos de vida, y han desarrollado un sistema de enseñanza y de medios de comunicación (Gutiérrez Chong, 1998: 83). La nación con su Estado ha buscado la unificación y la dotación de sentimientos y razones de cohesión a una incipiente ciudadanía basada en ideales de igualdad. Esta búsqueda de la igualdad entre ciudadanos/as, o de asimilar las diferencias de minorías, contribuyó a identificar a la nación como un proyecto dirigido por el Estado hacia la homogenización cultural y la unificación lingüística. Hoy día, a raíz de movilizaciones y sistemas de reconocimiento legal a poblaciones étnicas y minoritarias, debido a sus múltiples reclamos de inclusión, la nación ha empezado a abandonar su fórmula monocultural, y empieza a asumir proyectos de diversidad, pluralidad y reconocimiento multicultural (Declaración Universal de Derechos Humanos, Organización Internacional del Trabajo).

La nación y el género son construcciones sociales. La nación no existe en la psique colectiva si esta no es transmitida por instituciones, sea la escuela, la iglesia, la familia, el ejército. De igual forma, el rol social y cultural del ser mujer o del ser hombre está determinado por relaciones de poder y estructuras de subordinación tanto en la división del trabajo, como de la familia y de la economía (Walby, 1986 y 1990; de Barbieri, 1992). Las diferencias no son esencialismos sino construcciones transmitidas socialmente que denotan poder de un sexo sobre otro, o bien, “modos de discurso” (Yuval-Davis, 1997: 9). Hay distintas categorías de género y la teoría crítica feminista destaca que las construcciones de género (femenino-masculino, hombre-mujer) se reconocen por su dinámica variable y no estática, así, el género varía de una generación a otra, o según condiciones raciales, étnicas, religiosas y de clase (Lorber y Farell, 1991).

El Estado da forma a la nación y da lugar a roles de género porque opera mediante instituciones que funcionan simultáneamente en un entramado estructural y simbólico de inclusión y exclusión. Género y nación son construcciones que delinean y determinan los diversos roles de mujeres y hombres en distintos tipos de nacionalismos, los que a su vez conducen e inspiran a que las colectividades estén ante la posibilidad de “erigir ideales de independencia”, (Smith, 1991) permanencia y continuidad, es decir, en naciones. Para poder tipificar una nación se requiere de un nacionalismo y este tiene varios tipos de los cuales nos ocuparemos más adelante. En un trabajo anterior (Gutiérrez Chong, 2004) me interesaba identificar el rol cultural y sociológico de las mujeres en las distintas rutas y tipos que conducen a la nación. Fue necesario realizar ese estudio para formular lo que aquí se torna como de central importancia: dónde y cómo encontrar los roles de género en los distintos nacionalismos y averiguar cómo se expresan o influyen en la construcción e identidad nacionales.

Los tipos de nacionalismos que he venido aludiendo son tres: 1. La creación de un Estado soberano, es decir, la autodeterminación de un pueblo, surgimiento y consolidación del Estado a partir de luchas libertarias, gobiernos popularmente electos y constituciones, siglos XVIII y XIX. 2. El proceso de construcción de la nación por el Estado (nation-building), o sea, la delimitación del Estado-nación por la vía de un nacionalismo oficial e instituciones, siglos XIX y XX. 3. La capacidad de negociación y liderazgo de aquellos movimientos o proyectos étnicos que cuestionan la fórmula basada en la homogeneidad del Estado-nación contemporáneo a fin de dar lugar a un reconocimiento de la pluralidad como condición de una mayor democracia participativa, siglo XXI (Gutiérrez Chong, 2004).

En suma, la tipología se expresa así:

  1. 1. Nacionalismo de independencia. Surgimiento y consolidación del Estado.
  2. 2. Nacionalismo de integración. Construcción de la nación por el Estado (nation-building).
  3. 3. Nacionalismo multicultural. Surgimiento de movilizaciones étnicas para repensar la nación y el Estado.

Dado que el nacionalismo puede adoptar múltiples significados, en tanto doctrina, ideología, estado de la mente o movimiento político, se torna indispensable su caracterización histórica. Esta perspectiva permite ejercer control sobre posibles riesgos de interpretación: ninguna nación y su nacionalismo son iguales a otros. Así, partiendo de un enfoque histórico y sociológico, no son el mismo fenómeno el nacionalismo de las guerras de independencia y el fin del colonialismo español en América Latina, que el secesionismo checheno del siglo XXI o que el independentismo catalán, aunque sí pueden compartir propósitos similares en tanto todos estos están fuertemente inspirados y motivados por concretizar “ideales de independencia”.

Ahora bien, en los años ochenta, Nira Yuval-Davis y Floya Anthias, feministas académicas radicadas en Gran Bretaña, tuvieron el gran mérito de identificar las cinco principales maneras en donde se pueden encontrar intersecciones, o encuentros, entre mujeres y nacionalismos:

As biological reproducers of the members of national collectivities
As reproducers of the boundaries of national groups (through restrictions on sexual and marital relations)
As active transmitters and producers of the national culture
As symbolic signifiers of national difference
As active participants in national struggles (1989: 7)
[Como reproductoras biológicas de los miembros de colectividades nacionales
Como reproductoras de los límites de los grupos nacionales (mediante restricciones sobre las relaciones sexuales y maritales)
Como transmisoras activas y productoras de la cultura nacional
Como símbolos significantes de diferencias nacionales
Como activas participantes en luchas nacionales]
(traducción libre)

La propuesta metodológica que nos ocupa busca hacer corresponder los tres tipos de nacionalismo con las cinco intersecciones de los roles de las mujeres. Por ejemplo, dilucidar qué roles de mujeres se pueden encontrar y qué personajes los significan en el nacionalismo de independencia, de construcción nacional, o multicultural. Los personajes pueden ser reales o inventados; en varios casos se trata de arquetipos heroicos en contextos de defensa, de salvación, de protección o de lucha.

Cuadro 1.

Tres tipos de nacionalismo con las cinco intersecciones de los roles de mujeres


Tipos de nacionalismos Roles de mujeres Personajes
1. Independencia Reproductora biológica Madres
Reproductora de límites nacionales (mediante restricciones sobre las relaciones sexuales y maritales) Criolla
Mestiza
India
Transmisora de cultura nacional No se encuentra
Símbolo significante de diferencia nacional No se encuentra
Activa participante en luchas nacionales Josefa Ortiz de Domínguez
2. Construcción de la nación Reproductora biológica Madres
Reproductora de límites nacionales Mestiza / Mestizaje
Transmisora de cultura nacional Anita Brenner
Rosario Castellanos
Frida Kahlo
Margo Glantz
Glantz Maestras
Símbolo significante de diferencia nacional Activa participante en luchas Victoria Dorenlas (Madre patria portada del libro de texto gratuito) Iztacihuátl (Cromos y calendarios) Soldaderas
Virgen de Guadalupe
Activa participante en luchas Soldaderas
3. Nación del nuevo milenio Reproductora biológica Madres
Reproductora de límites nacionales Transmisora de cultura nacional Símbolo significante de diferencia nacional Activa participante en luchas Mestiza / Mestizaje Astrid Hadad Maestras Escritoras Intelectuales Malinche Virgen de Guadalupe Comandante Ramona Comandante Esther Candidata Marichuy Marta Sánchez (activista amuzga)
Transmisora de cultura nacional Astrid Hadad
Maestras
Escritoras
Intelectuales
Símbolo significante de diferencia nacional Activa participante en luchas Malinche
Virgen de Guadalupe
Activa participante en luchas Comandante Ramona
Comandante Esther Candidata Marichuy Marta Sánchez (activista amuzga)

TFN1Fuente: Elaboración propia a partir del Proyecto “Estudios de Matria, Territorio y Región”. PAPIIT. (2004). Reformulación y revisión de autoría 21/05/2018


En esta propuesta metodológica se demuestra que en cada tipo de nacionalismo se encontraron mujeres personificando cada uno de los cinco roles de mujeres. En todos los nacionalismos se encuentran reproductoras biológicas, de límites nacionales y activas participantes en luchas nacionales. Un rol que aparece hasta la etapa de construcción de la nación es el de transmisora de la cultura nacional. Esto es porque en el siglo XX ya empezamos a encontrar mujeres que expresan gran creatividad para imaginar, pensar y articular sus propias ideas de nacionalismo e identidad nacional, de ahí que haya identificado a escritoras (Rosario Castellanos, Margo Glantz), pintoras (Frida Kahlo, Olga Costa, María Izquierdo), y difusoras de la cultura mexicana (Anita Brenner, Astrid Hadad). Desde luego que la construcción de mexicanidad por mujeres creadoras no se confina a las que he descrito en esta propuesta. Un referente inequívoco para la transmisión de la cultura nacional son las maestras de educación pública, obligatoria y gratuita. Símbolos de diferencia nacional originados en la Conquista y Colonia son la Malinche, protagonista del mestizaje para guiar la integración nacional, y la Virgen de Guadalupe que, como bien se sabe, son ampliamente conocidas por toda la nación y perduran hasta la actualidad. También es posible identificar a mujeres actuando y participando en luchas nacionales; una heroína oficial es Josefa Ortiz de Domínguez, la esposa del corregidor Domínguez, cuya pericia para informar en el momento preciso a los insurgentes hizo posible la Independencia, momento que se recuerda popularmente cada 15 de septiembre como el “grito”. En tanto que en la nación del siglo que corre, mujeres indígenas han logrado tener papeles de indiscutible liderazgo que han aportado a la transformación del Estado-nación, he mencionado a mujeres indígenas vinculadas al Ejército Zapatista de Liberación Nacional y al Congreso Nacional Indígena. Otras destacadas activistas en incansable lucha por sus derechos políticos como mujeres e indígenas se agrupan en la Red Nacional Indígena; son los casos de la amuzga de Guerrero, Marta Sánchez, o la nahua de Puebla, Larisa Ortiz Quintero. Además, en esta etapa de la nación multicultural, es necesario señalar que ya encontramos una novedad, es decir, hay escritoras en lenguas indígenas como Briceida Cuevas Cob, una destacada poetisa de reconocimiento internacional, cuya poesía cuenta aspectos de las relaciones sociales y de la naturaleza que dan identidad a la cultura maya de Campeche desde su discurso simbólico femenino.

Esta propuesta metodológica entre tipos de nacionalismos y roles de mujeres ilustra la necesidad de implementar un orden clasificatorio frente a la multidimensionalidad y complejidad del fenómeno del nacionalismo. Y este orden me permite continuar explicando que las mujeres son textos con repertorios vastos y complejos de simbolismos para sustentar originalidad y autenticidad. Simplemente: ninguna nación quisiera imitar a otra. Mujeres en roles de símbolos nacionales expresan el origen y la continuidad de la nación, como veremos más adelante en el mito nacionalista de la Malinche y el mestizaje.

2. Masculinidad y feminidad del nacionalismo mexicano

George Moss (1985) señala que la historia del nacionalismo muestra la función que ha tenido para controlar las relaciones de sexo y la sexualidad dentro de las naciones (p. 93). Este control de la sexualidad da sentido al papel de las mujeres como reproductoras de límites nacionales, mediante restricciones sobre las relaciones sexuales y maritales que, a su vez, permiten apreciar los roles sociales y culturales de las mujeres en los nacionalismos.

A fin de ilustrar el uso que el nacionalismo ha hecho de imágenes idealizadas del ser hombre o mujer, habré de identificar su interrelación en parejas que a su vez informan sobre la idea de que nación es una familia y viceversa. Estas representaciones simbólicas basadas en un mito o leyenda hacen posible la construcción de imágenes y conceptos de feminidad y virilidad que son socializados masivamente a fin de integrar comunidades con propósitos comunes, es decir, naciones. Para hacer esto recurriré a las imágenes representadas en el ejemplo sencillo y popular de los calendarios de las primeras décadas del siglo XX (La Leyenda de los Cromos, 2000).1 Los calendarios mexicanos fueron también usados para publicitar marcas y productos. Estas estampas impresas derivadas de la cromolitografía colgaban de paredes de casas y oficinas (Morales Carrillo, 2000). Hubo varios pintores que hicieron un aporte singular a la estética nacionalista, como fue el caso de Jesús de la Helguera, originario de Chihuahua; otros fueron: José Bribiesca y Alfredo González Camarena. Haré referencia en el artículo solo a Jesús de la Helguera, porque concuerdo con la caracterización que ha hecho Elia Espinosa (2004: 14) al estudiar su obra, caracterizada por su “idealización del indio, del campo mexicano que encarna con cuerpos y rostros de hermosura tipificada”. La utilización de este recurso documental para llevar a cabo investigación sobre mujeres y nacionalismos responde a las siguientes razones metodológicas: 1. La escritura o la producción intelectual de mujeres sobre cómo imaginar o pensar la cultura, la nación, la soberanía o el territorio son un producto accesible solo a partir de la segunda mitad del siglo pasado.22. Los calendarios son un recurso para observar cómo son imaginadas las mujeres y la nación, no a partir de ellas mismas, sino de artistas creadores de identidad nacional. 3. Los calendarios son expresiones de vida cotidiana, accesibles y populares. 4. Las ilustraciones de estos cromos permiten exageraciones e idealizaciones sobre paisajes, leyendas, mitos, ambientes, personajes. También estos pueden ser recombinados o fabricados. Jesús de la Helguera poseía una mezcla de estridencia, donde incluía a sectores pobres, pero también a la creciente clase media, usando una combinación de estilos al adaptar la pintura europea manierista [estilo artístico de la última parte del Renacimiento], barroca y neoclásica (Espinosa, 2004: 14). Por estas razones se convierten en vehículos para transmitir procesos de socialización utilizando imágenes fijas y precisas, un objetivo de la identidad nacional. Como sabemos, los nacionalismos tienen límites culturales; recordemos a la multicitada “comunidad imaginaria” de Benedict Anderson (1990), que es finita, limitada y soberana. Otra forma de decirlo: la identidad de una nación y su repertorio de recursos simbólicos solo atañen y dan significado a esa comunidad de gente y a ninguna otra.

La arquetípica pareja mexicana socializada masivamente en estos calendarios muestra símbolos de lo femenino y lo masculino de la estética nacionalista de consumo popular. Así, mientras que lo femenino representa, principalmente, al ideal de la mujer mestiza, sonriente y de suaves rasgos y maneras, las figuras masculinas simbolizan la fuerza física, la virilidad y el heroísmo, características que corresponden a prácticas y conductas del hombre protector o patriarcal. El objetivo de estas imágenes es delimitar el tipo de uniones y su descendencia que harán posible la conformación y la reproducción de la nación y que, por lo general, corresponden al arquetipo del mestizo y de la mestiza de ambiente rural.


[Figure ID: ch1]   —Fuente: Jesús de la Helguera, Catálogo 4590, “La cruz del camino”. Reproducción con permiso Museo Soumaya.

En los dibujos que adornan estos calendarios observamos que la arquetípica pareja mestiza encarna, de acuerdo con S. Stern (1995: 29), la fascinación masculina por una práctica sexual encaminada a la procreación, por una actitud caballerosa y seductora hacia la mujer junto con la imposición del código honor-vergüenza; estas pautas, como dice el mismo autor, no son aisladas sino que más bien han dado forma a las historias y vidas de los latinoamericanos.

La construcción de otras masculinidades nacionales de Europa (el culto al cuerpo joven y el resurgimiento de los cánones de belleza griega), ha ocurrido de manera paralela a la fabricación de conceptos tales como el de heterosexualidad, cuyo propósito principal ha sido, como argumenta Moss (1985: 26-27), evitar la confusión entre sexos que pudiese inhibir la reproducción biológica de una nación. Los símbolos masculinos y femeninos de la nación se relacionan con las imágenes populares con las cuales los miembros de esa nación se auto identifican de acuerdo con los constructos sociales de género. Así, las construcciones idealizadas de mujeres aparecen serenas y lánguidas en oposición a sus compañeros que muestran energía y dinamismo. Recuérdese, por ejemplo, la popular imagen de la “Leyenda de los volcanes” dibujada por Jesús de la Helguera (1941), en donde Iztaccíhuatl, siendo la mujer muerta -sin olvidar su dosis propia de voluptuosidad-, representa a un volcán en extinción, mientras que el guerrero Popocatépetl simboliza la vida activa y en ebullición del volcán varón.


[Figure ID: ch2]   —Fuente: Jesús de la Helguera. Catálogo 4867, “La Leyenda de los volcanes”, Reproducción con permiso Museo Soumaya.


[Figure ID: ch3]   —Fuente: Fotos aéreas de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl. Fuente: Cortesía de Salvador Sosa 15/04/2018..

Tienen cierto sentido, entonces, las observaciones críticas de la investigación feminista acerca de que en el nacionalismo pareciera que los hombres tienen el rol de ser los constructores y promotores del Estado, instituciones visibles y objetivamente cuantificables, en contraste con la pasividad de las “guardianas de valores tradicionales”, es decir, de la nación (Cusack, 2000: 546).

El lenguaje visual de lo masculino y lo femenino denota parámetros que seleccionan sujetos prototípicos y, de ser posible, estandarizados, con los cuales se forma e integra la nación idealizada. Son estos lenguajes, los calendarios, los que preferentemente han visualizado a México como una nación mestiza.

3. La Malinche y la pareja fundadora de la nación

Ya es un lugar común advertir que la mujer más famosa del pasado prehispánico es la Malinche. Una mezcla de ficción, historia y fantasía se mezclan en esta poderosa narrativa que facilita el entendimiento masivo del concepto de comunidad con origen étnico común (Gutiérrez Chong, 1999). El origen étnico suele ser un componente insoslayable en las explicaciones sobre la legitimidad e integración de las naciones modernas de acuerdo con las posiciones de los histórico-culturalistas más representativos, Anthony D. Smith (1986) entre los más conocidos. Con el origen étnico se puede responder a la principal pregunta que informa sobre la identidad colectiva: ¿quiénes somos? Con este mito de origen, la nación encuentra su principio colectivo contribuyendo a que las tareas posteriores de unificación, integración y cohesión puedan llevarse a cabo de forma original, auténtica y legítima. Así, la Malinche simboliza un mito de origen étnico y otro mito de integración nacional, el mestizaje. Tanto la Malinche, como la mestiza, la guardiana de la tradición rural, son generalmente representadas en compañía masculina, Hernán Cortés primero, y más tarde un mestizo rural. El mito se compone por el drama de una pareja que viene a simbolizar a una nación en formación. La socialización del mestizaje, la educación pública y los calendarios han sido un amplio proyecto con respaldo oficial que ha buscado dar contenido cultural a las políticas de integración y asimilación a partir de la segunda mitad del siglo pasado. La nación vista como una “gran familia” sustentada en la pareja fundadora, europea e indígena, ha contribuido a forjar el México mestizo, pero ha dejado de lado a los individuos que estereotípicamente no entran en ese modelo: nuevamente, los indígenas que no desean ser mestizos, los afrodescendientes y los inmigrantes.

La Malinche y el mito del mestizo resultan de interés para explorar los roles de género y sus niveles de subordinación en la mitología nacionalista. El concepto de “violencia simbólica” de Pierre Bourdieu (1991, 1999) contribuye a comprender los distintos significados que subyacen en las ideologías, las acciones e instituciones que se encuentran culturalmente legitimados. Esto es, un mito se explica por su poder simbólico, pero este puede denotar violencia que permite el estereotipo, la segregación, la exclusión, el racismo. En un mito hay violencia simbólica porque, siguiendo a Bourdieu, es un constructo cultural legítimo pero invisible, se propaga ampliamente, aunque permanece sin ser contestado o desafiado (Bourdieu, 1999: 49).

La Malinche y el mito del mestizo gozan de amplia popularidad gracias a la transmisión de esta información por diversas vías, como ya hemos reiterado, sin embargo, la degradación de la mujer y la mujer indígena en particular ha quedado opacada o sin ser cuestionada.

Para ejemplificar esa degradación sutil e invisible me voy a referir a un escrito de 1884 de una española radicada en México y pionera de la escritura de mujeres en México, Concepción Gimeno de Flaquer. El título de ese artículo es “La inspiradora de Cortés y se deriva de la famosa crónica de Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. La versión de Flaquer sobre Malinche, quien recibió en bautismo el nombre de Marina, es una recombinación de la crónica mencionada en la que se observa la intención de imbuir superioridad a la mujer española por arriba de lo indígena, así como también recurre a la masculinidad como forma de poder simbólico.

Los siguientes párrafos de la narrativa de Flaquer reflejan estereotipos y prejuicios con respecto al rol sexual y al origen étnico.

Es preciso que enmudezcan por unos momentos, mis sentimientos de española para que pueda hablar alto mi corazón de mujer en pro de la famosa hija del Anáhuac (Gimeno de Flaquer, 1884).

Para aceptar y reconocer el valor de una mujer indígena, la personalidad de Marina tendría que ser única, sobresaliente y de rango superior; a ello ayuda que su padre haya sido un hombre poderoso, un cacique. Marina es aceptada por sus cualidades; la asociación de criterios euro raciales y culturales se le adjudican a Marina: belleza, inteligencia y buenos modales, no obstante, era de “pura raza india”.

Destacándose sobre ellas por su inteligencia, su hermosura, por la suavidad de sus modales, Marina era de pura raza india, perteneciendo a muy alta clase, porque su padre fue un poderoso cacique (Gimeno de Flaquer, 1884).

La construcción de una violencia simbólica alrededor de Malinche como mujer india en parte es superable, desde la escritura de Concepción Gimeno de Flaquer, porque Marina acepta con pasividad y obediencia el dominio patriarcal. Es rechazada por el famoso conquistador, pero es dada en matrimonio a otro español, aunque de rango inferior, el soldado Julio Jaramillo. El papel masculino en esta narrativa es un factor determinante para agregar valor social y reconocimiento, pero también refleja un fuerte control de la sexualidad femenina, una coerción que posibilitó la introducción y transmisión del cristianismo y la cultura hispánica, tarea de gran trascendencia llevada a cabo por las mujeres inmigrantes con sus principios de castidad y honestidad sexual, desarrollados en el ámbito de la vida doméstica y religiosa.

Cortés casó a Marina con un caballero castellano llamado Juan Jaramillo. Marina fue dócil a la voluntad del que ejercía sobre ella irresistible fascinación (Gimeno de Flaquer, 1884).

El mito inició, así, como una narrativa racializada y sexualizada bajo el dominio y control del catolicismo y el patriarcado. Por un lado, dio peso y sustancia a un discurso para legitimar la superioridad racial española contra la supuesta inferioridad indígena, mientras que, por el lado de la moralidad, la iglesia fue muy severa tanto para controlar como para administrar los roles sexuales de hombres y mujeres (Van Dijk, 2003: 84).

Nuevamente, George Mosse (1985: 93) me resulta de utilidad para comparar a la Marianne del pintor francés Eugene Delacroix3 con la Malinche. Ambas representan pasión, sexualidad, transformación o fin de régimen, también simbolizan juventud, aunque usando distintas rutas, la Marianne por la vía del triunfo revolucionario, la Malinche por la conquista y la seducción para después ser convertida en la madre de la nación. Su obediencia y pasividad se legitimaron y ello contribuye a dar forma a una intensa idealización de la madre apta para formar la nación: católica, sacrificada y casta.

No le menciones a la mexicana las virtudes cívicas de las mujeres de Esparta, heriríais su ternura. La mujer mexicana nunca sacrificará a sus hijos en aras de la Patria, porque para ella la Patria es la familia (Vestina [seudónimo] 1884).

Conclusión

En este artículo he hecho una propuesta metodológica para el estudio del nacionalismo y las mujeres. Esta propuesta incluye la tipificación de tipos de nacionalismo en la perspectiva histórica de México: Independencia, integración de la nación (nation-building) y nación multicultural con las intersecciones de mujeres y nacionalismo que plantearan Nira Yuval-Davis y Floya Anthias. Estas combinaciones ponen de relieve la ausencia de teorizaciones sobre la mujer y el nacionalismo llevada a cabo por las teorías nacionalistas básicas (Ernst Gellner, Anthony D. Smith, Elie Kedourie). Las mujeres han estado fuera de estas teorías, pero eso no significa que no hayan participado en la gesta, construcción y surgimiento del fenómeno nacionalista. Ejemplo de los múltiples personajes femeninos de la simbología nacionalista están presentados en el cuadro 1 de este artículo (p. 47). Así, frente al argumento de que las mujeres son guardianas pasivas de la tradición, se antepone la firmeza de mujeres en lucha o como significantes y creadoras de cultura nacional.

Se utilizaron algunas fuentes no convencionales, tales como los calendarios populares y una narrativa sobre el mito del mestizaje escrito por una escritora española que radicaba en México en 1884. Estos materiales nos informan de la construcción de arquetipos de feminidad y masculinidad bajo los cuales tomaría forma la nación mexicana centrada en el mestizaje. También se destacó la violencia simbólica que hace posible la sutil degradación de mujeres excluidas de la nación. Así, en este artículo se puede observar el complejo fenómeno del nacionalismo y sus diversas facetas de cambio y contradicción. Por un lado, es un movimiento poderoso hacia la integración y la unidad común, por otro, es la razón bajo la cual la exclusión, la discriminación y el sexismo pueden ser legitimados. Del conjunto de estas avenidas metodológicas se desprende también la riqueza teórica y la enorme acumulación de fuentes, personajes y símbolos que alientan la investigación, aún incipiente, de mujeres y nacionalismos en la historia cultural de México y de otras naciones en América Latina.


1.

fn1“Desde las primeras décadas del siglo veinte hemos aprendido a identificar las imágenes de los almanaques, expresiones mexicanísimas de vida cotidiana, los coloreados cromos, accesibles, populares, atractivos, decorando paredes de quién sabe cuántas casas y comercios de todo el país. Imágenes dibujadas con “máximos extremos de idealización” cuerpos voluptuosos al estilo de Hollywood adaptados a mestizas morenas, o en recombinaciones y fabricaciones de aztequismos de monumental arquitectura y complementados con diosas y sacerdotisas de obvio misterio. Al lado de la carnosa Malinche, puede figurar la mujer-bandera o la mujer-patria que, generaciones a partir de 1960, empezamos a conocer debido a la circulación de la primera colección de libros de texto en cuyas portadas desde aquella de “Mi libro de tercer año”, hasta el 6o grado, sobresalía la robusta patria de pétreo vestido” (Gutiérrez Chong, 2004: 44-45).

2.

fn2Es difícil encontrar producción intelectual o artística de mujeres acerca de la nación y temas derivados en el siglo XIX (Arrom, 1985).

3.

fn3La Marianne del pintor Eugene Delacroix es el arquetipo de la joven parisina exhibiendo entusiasmo por el triunfo de la Revolución, se trata de la famosa imagen de la mujer como líder revolucionaria o libertadora.

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